lunes, 26 de enero de 2015

Aamin.

Aamin estaba cansado, sabía que aún le quedaba mucho camino por recorrer. El descenso por el abismo era lo que más le preocupaba. Pocos hombres han sobrevivido al valle de lagrimas. Aalok, su amigo, iba ayudarlo en todo lo que pudiese, pero hay un descenso interior al fondo de la tierra, donde la rectificación es un camino que se transita solo. Algunos vuelven, revindicados. Otros se pierden, en la oscuridad de los tiempos.

El descenso por el abismo estaba plagado de criaturas ancestrales, más viejas que el origen de los tiempos. Criaturas que asechaban, y que vivían, ahí donde termina el mundo. Entre sombras y tinieblas, aquellas criaturas toman la forma de nuestros miedos. El abismo de los anhelos, el lugar donde descanzan todas las almas, el lugar físico del Ades, es el lugar donde habitan las esperanzas y los anhelos perdidos, la desesperanza. Pocos, hasta ahora se han aventurado en sus caminos.

Aamin estaba seguro. Más allá de sus dolores físicos y espirituales. Era un camino que necesitaba hacer. Aalok vió a Aamin bastante afligido, paso su mano por sobre su hombro, le abrazo y le recordó "La vida es un camino de constantes desafios, cada uno de ellos, conquistados o no, nos deja una enseñanza. Cada paso, algo nos enseña, algo nos transforma, y después de esto, ni tu.. ni yo, seremos los mismos".



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